Estoy enfadada porque tengo miedo

Hoy estoy  muy enfadada porque tengo miedo. Tengo mucho miedo porque no estoy preparada para perder a nadie por esta pandemia. Nadie lo está. No estoy preparada porque todos ellos nos dijeron que esto no tenía importancia y de golpe y porrazo no sueltan que estamos en estado de alarma.  Hemos estado muchos años en estado de alarma en la sanidad pública madrileña, pero nadie ha querido escuchar y unirse a las reinvindicaciones de las batas blancas porque todos teníamos mucha prisa por seguir viviendo. ¿Y ahora les aplaudimos? Llevo toda mi vida aplaudiendo su labor, pero casi nadie nos acompañaba a mi hermana y a mi en nuestros aplausos a destiempo decían muchos.

Somos hijas de sanitario, enfermero de cardiología durante 40 años y celadora de 20 años de profesión, ambos en dos de los grandes hospitales de la Comunidad de Madrid. Pero además, he sido paciente desde que mi  memoria tiene recuerdos. Hoy puedo escribirte este artículo sin que mi visión sea doble y me impida hacerlo gracias al equipo de ortóptica y pleóptica del Hospital 1 de octubre de Madrid, así se llamada cuando comenzaron mis visitas a este salvavidas. Pero además fue en él donde tuve que visitar a mi joven amiga cuando ese monstruo grande que nos amenaza a todos doy la cara en sus huesos. Los médicos de este hospital hicieron lo imposible por devolverle la sonrisa durante 5 años más, pero un 28 de noviembre de 1990 lo imposible dejo de funcionar. En aquellos años el gobierno en ciernes aun gestionaban los recursos de la sanidad y la educación de un modo centralizado, pero era el principio de las transferencias, era el momento de dejar hacer a la autonomías, y en fin, era el inicio de la autogestión.

Pero no voy a hacer un recorrido político más allá de lo necesario, tranquilo no quiero aburrirte con necedades, mi pretensión es otra.

Toda mi vida se ha visto influída por estos dos hechos que te cuento. Mis padres sanitarios y la pérdida de mi amiga por un sistema sanitario que no estaba aún a la vanguardia en los tratamientos contra el cáncer, no en los años 90. Todas mis decisiones políticas han estado ligadas íntimamente a estas dos circunstancias, pero fundamentalmente porque siempre he creído que existen tres derechos fundamentales de las personas que TODOS, absolutamente TODOS, los representantes del pueblo DEBEN garantizar: SALUD, EDUCACIÓN Y JUSTICIA. Estos tres pilares son los que nos aportan la dignidad necesaria para avanzar hacia una sociedad de TODOS Y para TODOS.  Jamás me he fijado en sus caras, en sus nombres , en si son más atractivos o menos guapos, me he fijado en lo que dicen , en lo que esconden en sus discursos políticos elaborados por profesionales de la comunicación que saben como embelesar a las masas con palabras grandilocuentes. Pero lo más importante, siempre me he centrado en sus actos, en los hechos. Amigo, tengo una frase que me guía «el movimiento se demuestra andando».

Los representantes del pueblo DEBEN garantizar: SALUD, EDUCACIÓN Y JUSTICIA. Estos tres pilares son los que nos aportan la dignidad necesaria para avanzar hacia una sociedad de TODOS Y para TODOS. 

Por eso, cuando los del gobierno de esta comunidad se quedaban afónicos de tanto vociferar que hemos inaugurado 15 hospitales, 1500 camas más de hospital, dotados de scanneers super avanzados , en mi cabeza resonaban los gritos de las batas blancas gritando en la calle por el número de despidos de enfermeros, médico y personal sanitario, por sus condiciones indignantes de contratación  y retribución en hospitales como La Paz, Gregorio Marañón o 12 de Octubre. Y mientras los hospitales privados seguían recibiendo enfermos derivados de los hospitales públicos para pruebas diagnóstica para regalar ciertos réditos políticos a través de las estadísticas de la listas de espera.

En fin, que estoy muy enfadada porque no me gusta tener miedo por algo en lo que llevo trabajando toda mi vida, que es asegurarme que a través de mis actos, de mis decisiones políticas, estos tres pilares fundamentales y que dignifican la vida de todo ciudadano sean de verdad una prioridad para quienes toman el mando. Estoy muy enfadada conmigo misma porque no he sido capaz de transmitir esta necesidad a tanta gente como hubiera sido necesaria para que en estos momentos los recursos para TODOS hubieran estado a la altura de las circunstancias. Me entristece mucho, me aterra pensar que no he hecho lo suficiente para que mis padres puedan estar tranquilos porque pase lo que pase, van a ser atendidos como se merecen por sus colegas. Mis padres y mis hijos juntos abrazándose

Me entristece mucho, me aterra pensar que no he hecho lo suficiente para que mis padres puedan estar tranquilos porque pase lo que pase, van a ser atendidos como se merecen por sus colegas. 

No sé cuando se me pasará el enfado y el miedo. No sé cuánto durará este encierro. No quiero plantearme nada más que tengo que hacer lo que tengo que hacer ahora: proteger en lo que pueda la vida de los que lo han hecho conmigo toda la mía. El día después llegará, y quiero que TODOS ellos sigan estando para abrazarles con mis decisiones y mis actos.

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