Del llanto a la sonrisa, efectos colaterales del covid-19

Ando luchando todos los días entre el nudo en la garganta y los ojos llenos de agua . Si es normal. Esta fase era la siguiente. Primero el asombro, el shock, el cabreo, la ira, el miedo, y ahora le toca a la tristeza. Es cierto que esta, la tristeza, se ha permitido el lujo de ir atravesándome poco a poco, a saltos, esconderse tras las carcajadas falsarias ante el comportamiento absurdo de algunos y el alejamiento incomprensible de otros. También he llorado al ver la decepción en los ojos de mis hijos por algunos amigos que aún tienen mucho que aprender sobre el verdadero sentido de la amistad, el abrazo de él cantándome «Resistiré» a gritos en un baile de amor infinito, la voz de mi padre para tranquilizarme por su bajada de tensión, los recuperados, los amigos que siguen ahí y los nuevos que han aparecido en la red.

He llorado por la decepción den los ojos de mis hijos, por la voz de mi padre, por el baile de amor infinito en los brazos de él

Desde niña he sentido la vida levantándome la piel a tiras a cada rato.  No porque haya tenido una infancia infeliz, no. He sido una niña afortunada en muchos sentidos. Me ha tocado vivir hechos y circunstancias extraordinarias, iguales o parecidas a las de otros muchos,  no quiero protagonismos innecesarios. Pero siempre he creído que esta hipersensibilidad mía hacia todo lo que sucedía a mi alrededor se ha debido principalmente a dos motivos: el tener que observar el mundo hasta casi mi adolescencia en modo mono (un solo ojo) y el vivir una infancia rodeada de música clásica, ópera y danza. Es como si estas dos cuestiones hubieran hiper-desarrollado el resto de mis sentidos, logrando percibir aquellas formas y colores que no me permitía hacerlo una visión monocular,  y que no todo el mundo veía o sentía.Capullo de rosal a punto de florecer para llevarte del llanto a la sonrisa otra vez

Mis mejillas se enrojecían cuando el profesor de mates preguntaba a Juan Ignacio Soria la tabla del 3 y no sabían continuar más allá del 3×2. Salté y lloré sonriendo el día que mi amiga del cole presentó su TFM en la universidad Carlos III y le dieron un 10 por un trabajo de ingeniería que no era más que una muestra minúscula de su inteligencia. Mi boca se convirtió en en volcán a punto de erupción cuando aquel trozo de carne con chaleco humilló a mi compañero por no haber colocado las pesas en el orden que él deseaba en la sección de aquella macro-tienda del deporte. ¡Colócalas tú con la punta de… ! Tragué saliva y busqué otro curro lejos de tanto déspota ignorante.

La empatía me ha acompañado toda la vida. Ha sido mi tercer apellido

La empatía me ha acompañado toda la vida. Ha sido mi tercer apellido. Los dos primeros son Soriano(Hambre por el Saber) y Arroyo(AMOR infinito). Con esta combinación genealógica no me ha sido difícil calzarme los zapatos de nadie. Por eso, estos días la tristeza se ha hecho conmigo. Me ha atravesado de pies a cabeza al ver a esa madre con el pañuelo azul paseando a su hijo temiendo en cualquier momento el insulto insensato de algún cafre. Me ha agarrado fuerte la garganta al conocer la historia de esa mujer que ha tenido que decir adiós a su madre anciana en la puerta  de las urgencias del cualquier hospital sabiendo que era para siempre. Ha hecho derramar gota a gota la sal de mis pupilas al ver a nuestros mayores agarrados a sus móviles y a esas video-llamadas como último recurso para saber que no están solos, que no nos hemos olvidado de ellos.

He sufrido mucho, sigo sufriendo, y sé que esta crisis no me va a cambiar. No quiero cambiar. Me gusta sentir la alegría a través de tu sonrisa, enmudecer cuando necesitas el silencio para asimilar que te ha tocado el monstruo, llorar porque el mundo es injusto y te ha quitado a destiempo lo que más querías o porque, a veces, es generoso y te regala la felicidad de notar en tu vientre una nueva vida.

Hoy hemos despedido a un grande de la música de este país. Se nos ha ido para acompañar a los que se han ido solos y asustados en estos días, ha decidido que su voz , su  música y sus letras las necesitan más ellos que nosotros. Quizá se equivoca señor Aute, a mí me sigue gustando despertar al Alba para reencontrarme con La Belleza. He llorado escuchándote, otra vez.

Y mientras tanto, el resto de seres vivos van recuperando el espacio que les hemos ido quitado durante tanto tiempo sin pedirles perdón.

Por fin, hoy he sonreído al verles correr libres  y confiados sobre el asfalto.

 

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